sábado, 22 de agosto de 2015

ISAÍAS. CAPÍTULO 1.

11Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén en tiempos de Ozías, de Yotán, de Acaz y de Ezequías, reyes de Judá.

Requisitoria de Dios y confesión del pueblo (Am 4,6-13)

2Oíd, cielos; escucha, tierra; que habla el Señor:
Hijos he criado y educado,
y ellos se han rebelado contra mí.
3Conoce el buey a su amo,
y el asno el pesebre del dueño;
Israel no conoce, mi pueblo no recapacita.
4¡Ay gente pecadora, pueblo cargado de culpas,
raza de malvados, hijos degenerados!
Han abandonado al Señor.
han despreciado al Santo de Israel.
5¿Dónde seguiremos hiriendo, si acumuláis delitos?
La cabeza es una llaga,
el corazón está agotado,
6de la planta del pie a la cabeza
no queda parte ilesa:
llagas, cardenales, heridas recientes,
no exprimidas ni vendadas,
ni aliviadas con ungüento.
7Vuestra tierra, devastada;
vuestras ciudades, incendiadas;
vuestros campos, ante vosotros,
los devoran extranjeros.
¡Devastación como en la catástrofe de Sodoma!
8Y Sión, la capital,
ha quedado como cabaña de viñedo,
como choza de melonar, como ciudad sitiada.
9Si el Señor de los ejércitos
no nos hubiera dejado un resto,
seríamos como Sodoma,
nos pareceríamos a Gomorra.

Segunda requisitoria (Is 58; Sal 50; Eclo 35) 

10Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma;
escucha la enseñanza de nuestro Dios,
pueblo de Gomorra.
11¿Qué me importan el número
de vuestros sacrificios?
-dice el Señor-.
Estoy harto de holocaustos de carneros,
de grasa de cebones;
la sangre de novillos,
corderos y machos cabríos no me agrada.
12Cuando entráis a visitarme y pisáis mis atrios,
¿quién exige algo de vuestras manos?
13No me traigáis más dones vacíos,
más incienso execrable.
Novilunios, sábados, asambleas...
no aguanto reuniones y crímenes.
14Vuestras solemnidades y fiestas las detesto;
se me han vuelto una carga que no soporto más.
15Cuando extendéis las manos, cierro los ojos;
aunque multipliquéis las plegarias,
no os escucharé.
Vuestras manos están llenas de sangre.
16Lavaos, purificaos, apartad de mi vista
vuestras malas acciones.
17Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien;
buscad el derecho, enderezad al oprimido;
defended al huérfano, proteged a la viuda.
18Entonces, venid, y litigaremos
-dice el Señor-.
Aunque sean vuestros pecados como púrpura,
blanquearán como nieve;
aunque sean rojos como escarlata,
quedarán como lana.
19Si sabéis obedecer,
lo sabroso de la tierra comeréis;
20si rehusáis y os rebeláis, la espada os comerá.
Lo ha dicho el Señor.

La ciudad infiel (Ez 16; Os 2; Jr 23)

21¡C´mo se ha vuelto una ramera la Villa Fiel!
Antes llena de derecho, morada de justicia;
ahora de criminales.
22Tu plata se ha vuelto escoria,
tu vino está aguado.
23tus jefes son bandidos, socios de ladrones:
todos amigos de sobornos, en busca de regalos.
No defienden al huérfano,
no se encargan de la causa de la viuda.
24Pues bien -oráculo del Señor de los ejércitos, 
Paladín de Israel-:
tomaré venganza de mis enemigos,
satisfacción de mis adversarios.
25Volveré mi mano contra ti:
para limpiarte de escoria en el crisol
y apartarte la ganga;
26te daré jueces como los antiguos,
consejeros como los de antaño:
entonces te llamarás Ciudad Justa, Villa Fiel.
27Sión será redimida con el derecho,
los repatriados con la justicia.
28Vendrá la ruina para rebeldes y pecadores juntos,
los que abandonan al Señor perecerán.

Contra los cultos idolátricos (Is 17,9-11; 27,11; 47,14)

29Os avergonzaréis de las encinas que amabais,
os sonrojaréis de los jardines que elegíais.
30Seréis como encina de hojas secas,
como jardín sin agua.
31El poderoso será la estopa, su obra será la chispa:
arderán los dos juntos
y no habrá quien los apague.

Explicación.

1,2-26 El recopilador reúne, en estos versos tres oráculos, a manera de frontispicio o de obertura. El primero habla de un terrible castigo, no definitivo (quizá la situación después de la invasión de Senaquerib, en 701). En el segundo expone la causa y ofrece la reconciliación. En el tercero denuncia y promete. Dios se dirige: al pueblo, a los jefes, a la capital; denuncia el abandono de Dios y la injusticia.

1,2 La invocación a los testigos notariales de Dios (Dt 32,1; Sal 50,4) puede abarcar los tres oráculos.

1,3-6 El delito tiene tres agravantes: los cuidados paternales del Señor (Ex 4,23; Os 11), el ejemplo del instinto animal, el escarmiento no aceptado (Am 4,6-13). Por ello el castigo ha llegado al límite, y el territorio es como un cuerpo llagado.

1,7-8 Los castigos responden a maldiciones recogidas en Dt 28, y evocan el recuerdo de Sodoma, destruida por un fuego escatológico o definitivo.

1,9 Su mención trae un escalofrío. El pueblo recapacita: se ve con vida al borde del abismo evitado, y reconoce que seguir existiendo es puro don de Dios. Se ha salvado un "resto", que asegura la supervivencia del pueblo, como portador de la salvación histórica.

1,10-20 Con el salmo 50, estos versos son quizá el ejemplo más claro de pleito bilateral o contradictorio de Dios con su pueblo (rîb). Dios no es aquí juez, sino parte en el proceso. El problema central es la relación entre culto y justicia (no entre culto formalista y sincero). Mientras el pueblo vive en la injusticia, el culto está viciado, es un intento perverso de composición del mismo (soborno, según Eclo 35,14s). El culto se vuelve anticulto.

           El profeta acumula un rico paradigma de prácticas de culto (cfr. Lv 1-5) calificándolas con predicados de inutilidad o perversión. Después descarga un chorro de imperativos urgentes, exigiendo la enmienda, que desembocan en la invitación "venid". Dios no rechaza, atrae. Al final propone la alternativa: él ofrece salvación, el hombre puede rechazarla.

1,10 La "palabra" profética actualiza la ley o "instrucción" del Dios de la alianza.

1,11 Sal 40,7; 51,18-21.

1,12 Ex 23,15; 34,20; Dt 16,16.

1,13 "Vacío" o vano, como en el decálogo. "Execrable": lo contrario de sacro. "Reuniones y crímenes" como actividades inconciliables.

1,15 Cfr. Sant 1,26s.

1,16 Ex 30,18-21.

1,17 "Huérfanos y viudas" son categorías sociológicas que representan a las clases desvalidas. Piedra de toque de la justicia son los derechos de los más débiles.

1,18 En el diálogo personal con Dios, el hombre descubre su situación, se arrepiente, encuentra la posibilidad de enmendarse y reconciliarse.

1,19-20 Respuesta es responsabilidad, la palabra no es una fuerza mágica o fatal, es arista ineludible de decisión.

1,21-26 La inclusión define vigorosamente un proceso: la situación pasada, presente y futura; fidelidad, adulterio, fidelidad. El símbolo matrimonial, de Yhwh con Jerusalén, desvela el sentido profundo de los hechos. La capital es esposa del Señor (Os 2; Jr 2-3), a quien debe fidelidad exclusiva; matrona que engendra, acoge y representa al pueblo. Lo paradójico es que dicha fidelidad no se realiza en actos de amor teológico, sino en la práctica de la justicia. El discurso se concentra en los gobernantes, responsables primarios de la justicia ciudadana.

1,21 El oráculo se abre como lamentación, con un grito de dolor (cfr. Lam 1,1).

1,22-23 Por el soborno, los jefes se hacen cómplices, "socios" de los ladrones.

1,24-25 Y se convierten en "enemigos" del Señor. Para la purificación, cfr. Prov 25,4s.

1,26 El adjetivo "fiel" se convierte en parte del nombre. El adjetivo "justa" recuerda nombres como Melquisedec, Adonisedec.

1,27-28 Un autor posterior intentó adaptar el oráculo a la situación postexílica, mostrando que la restauración se basa en la justicia; cfr. Is 56,1; Neh 5.

1,29-31 Cultos quizá de fertilidad y en honor de Tamuz, que se valían de árboles y huertos sagrados. Amar y elegir tienen resonancias eróticas (Prov 6,25) y religiosas (Gn 3,6). Un pueblo elegido por el Señor elige unos jardines que lo alejan del Señor. El castigo sucede en la misma esfera, como pena del talión: sequía, aridez y fuego final (cfr. Is 27,11; 47,14).

1,20 Ez 8,14.

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