viernes, 16 de octubre de 2015

ISAÍAS II. CAPÍTULO 51.

511Escuchadme, los que vais tras la justicia,
los que buscáis al Señor:
Mirad la roca de donde os tallaron,
la cantera de donde os extrajeron;
2mirad a Abrahán, vuestro padre;
a Sara, que os dio a luz:
cuando lo llamé, era uno,
pero lo bendije y lo multipliqué.
3El Señor consuela a Sión, consuela a sus ruinas:
convertirá su desierto en un edén,
su yermo en paraíso del Señor;
allí habrá gozo y alegría, con acción de gracias
al son de instrumentos.
4Hazme caso, pueblo mío; nación mía, dame oído;
pues de mí sale la ley,
mi mandato es la luz de los pueblos.
5En un momento haré llegar mi victoria,
amanecerá como el día mi salvación,
mi brazo gobernará los pueblos:
me están aguardando las islas,
ponen su esperanza en mi brazo.
6Levantad los ojos al cielo,
mirad abajo, a la tierra:
el cielo se disipa como humo,
la tierra se gasta como ropa,
sus habitantes mueren como mosquitos;
pero mi salvación dura por siempre,
mi victoria no tendrá fin.
7Escuchadme los entendidos en derecho,
el pueblo que lleva mi ley en el corazón:
no temáis la afrenta de los hombres,
no desmayéis por sus oprobios:
8pues la polilla los roerá como a la ropa,
como los gusanos roen la lana;
pero mi victoria dura por siempre,
mi salvación de edad en edad.

"Despierta, Señor" (Sal 74; 93)

9¡Despierta, despierta;
revístete de fuerza, brazo del Señor;
despierta como antaño, en las antiguas edades!
¿No eres tú quien destrozó al monstruo
y traspasó al dragón?
10¿No eres tú quien secó el mar
y las aguas del Gran Océano;
el que hizo un camino por el fondo del mar
para que pasaran los redimidos?
11Los rescatados del Señor volverán:
vendrán a Sión con cánticos,
en cabeza alegría perpetua,
siguiéndolos gozo y alegría,
pena y aflicción se alejarán.
12Yo, yo soy vuestro consolador.
¿Quién eres tú para temer a un mortal,
a un hombre que será como hierba?
13Olvidaste al Señor que te hizo,
que desplegó el cielo y cimentó la tierra.
Y temías sin cesar, todo el día,
la furia del opresor,
cuando se disponía a destruir.
¿Dónde ha quedado la furia del opresor?
14Se suelta a toda prisa el preso encorvado,
no morirá en el calabozo ni le faltará el pan.
15Yo, el Señor, tu Dios,
agito el mar, y mugen sus olas:
mi nombre es Señor de los ejércitos
16Puse en tu boca mi palabra,
te cubrí con la sombra de mi mano;
extiendo el cielo, cimento la tierra,
y digo a Sión: "Mi pueblo eres tú".

"Despierta, Jerusalén" (Lam 1-2)

17¡Espabílate, espabílate, ponte en pie, Jerusalén!,
que bebiste de la mano del Señor
la copa de su ira,
y apuraste hasta el fondo el cuenco del vértigo.
18Entre los hijos que engendró,
no hay quien la guié;
entre los hijos que crió,
no hay quien la lleve de la mano:
19esos dos males te han sucedido,
¿quién te compadece?;
ruina y destrucción, hambre y espada,
¿quién te consuela?
20Tus hijos yacen desfallecidos
en las encrucijadas, como antílope en la red,
repletos de la ira del Señor,
del reproche de tu Dios.
21Por tanto, escúchalo, desgraciada;
borracha y no de vino.
22Así dice el Señor, tu Dios,
defensor de su pueblo:
Mira, yo quito de su mano la copa del vértigo,
no volverás a beber del cuenco de mi ira;
23lo pondré en la mano de tus verdugos,
que te decían:
"Dobla el cuello, que pasemos encima";
y presentaste la espalda como suelo,
como calzada para los transeúntes.

Explicación.

51,1a En paralelismo buscar al Señor y perseguir la justicia, conductas inseparables.

51,1b-3 Para el pueblo diezmado y desterrado. Abrahán es paradigma de fecundidad y portador de una promesa. Los judíos, el resto menguado, participan de dicha fecundidad y conservan la promesa. La tierra, otra promesa patriarcal, se concentra en la capital: será un paraíso divino (Ez 28,13; Sal 36,9), donde se celebra una fiesta litúrgica.

51,4-5 El siervo comienza a cumplir su misión universal (42,6; 49,6). La salvación procede de Jerusalén (2,2-5) y se funda en el derecho y la ley del Señor (42,1-4; Dt 4,6). Las islas, o costas remotas y anónimas, esperan vagamente el momento de Dios, con una actitud profunda y no articulada que responde al proyecto del Señor.

51,6 Cielo y tierra son modelo de estabilidad (Sal 89,3; 93,1); pero comparados con la salvación, resultarán modelos de caducidad (Sal 102,25-29), como los habitantes vistos desde la altura divina (40,22).

51,7-8 La ley que sale de Sión reside ya en el corazón de un pueblo fiel (Jr 31,33), que ha de sufrir por ella, contando con la victoria del Señor.

51,9-52,12 Podemos contemplar esta unidad como magnífica arcada cuyos apoyos formales son imperativos duplicados y otras duplicaciones:

51,9 Despierta, despierta: el pueblo al Señor

51,12 Yo, yo soy: el Señor al pueblo.

51,17 Espabílate, espabílate: el Señor a Jerusalén.

52,1 Despierta, despierta: el Señor a Jerusalén.

51,11 Fuera, fuera: el profeta a los desterrados.

Otras repeticiones en 51,10.18; 52,1.7.8-9.11

            El contenido es síntesis de la presente profecía: lamentación del pueblo y respuesta del Señor. Hay que leerlo como diálogo patético de desconsuelo, amonestación y esperanza.

51,9a Lenguaje clásico de los salmos de súplica: 44,24; 74,22; 80,4. Dios se ha hecho el dormido (Sal 78,65; cfr. 1 Re 18,27); en rigor, no duerme (Sal 121,3s). Hay que recordar que la liberación sucedión en noche de vela: Ex 14; Is 37.

51,9b-10 En lenguaje mitológico recuerda el paso del Mar Rojo: Sal 74,13; 89,10s. Quizá polemizando contra la religión de Babilonia.

51,11 Está desplazado, como cita casi literal de 35,10; parece atraído por la designación "redimidos".

51,12-16 En la respuesta recoge el Señor la imagen del monstruo marino mitológico, reducido a sus dimensiones. Dios domeña su ímpetu (Sal 93); más aún, si se agita, lo hace impulsado por Dios (véase 37,28-29). La hostilidad oceánica primordial puede aparecer en figura histórica (Is 30,7; Sal 87,4; 89,11): Dios reprime ambos poderes (Sal 65,8). Por tanto, no hay razón para temer. El temor cohíbe la esperanza; la intimidación es instrumento de opresión, la esperanza es liberadora. Temer al hombre es como olvidarse de Dios, de su acción cósmica e histórica.

51,13 Is 30,7; Sal 89,11.

51,14 Véanse dos casos en 2 Re 25,27 y Jr 38,6-13.

51,16 La primera frase encaja mejor detrás de 49,2. La conclusión es impresionante: el poder cósmico de Dios gravita sobre la elección de Sión, confiriéndole peso y consistencia.

51,17-23 El Señor no está dormido, es Jerusalén quien está aturdida: no con sueño normal, reparador, sino con vértigo (Sal 60,5) y borrachera de droga. La droga es la ira del Señor. Para la imagen de la copa: Jr 25,15.29; Ez 23,31-34; Sal 75,9; probablemente uso de un narcótico antes de la ejecución capital. Es como si la mujer, turbada por una pesadilla o alucinación, viera a su marido dormido y le gritara; cuando fue el marido quien suministró la droga, quien ahora la sacude para que espabile y despierte.

          El abandono de los hijos y la opresión son temas de las Lamentaciones. Nadie conduce piadosamente a la mujer perturbada, porque sus hijos han marchado al destierro. Los enemigos se aprovechan para una suprema humillación: la mujer, la faz pegada al suelo, se ha de ofrecer como calzada hollada y dolorida.

           Todo ellos suena como discurso del Señor. Lo cual significa que ha escuchado las quejas, las ratifica, se deja conmover por ellas. Léase en contraste Lam 1,16. Ella ha de reconocer la voz amada, para salir del sopor que la impide comprender el pasado y encararse con el futuro.

51,23 Véanse Jos 10,24; 1 Re 5,17; Sal 66,12.

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