viernes, 1 de enero de 2016

EZEQUIEL. CAPÍTULO 21.

El bosque en llamas

211Me dirigió la palabra el Señor:
-2Hijo de Adán, ponte mirando al sur, vaticina al mediodía, 3profetiza así al bosque austral: ¡Bosque austral, escucha la palabra del Señor!
Esto dice el Señor:
Voy a prenderte un fuego que devore
tus árboles verdes, tus árboles secos.
No se apagará la ardiente llamarada
que abrasará todos los terrenos,
desde el sur hasta el norte.
4Y verá todo mortal
que yo, el Señor, lo encendí,
y no se apagará.
5Yo entonces repliqué:
-¡Ay Señor! Van diciendo de mí:
"Es un recitador de fábulas".
6Me dirigió la palabra el Señor:
7-Hijo de Adán, ponte mirando a Jerusalén,
vaticina al templo,
8profetiza así a la tierra de Israel:
Tierra de Israel, esto dice el Señor:
Aquí estoy contra ti, desenvaino la espada
para extirpar de ti a inocentes y culpables.
9Porque tengo que extirpar de ti
a inocentes y culpables,
por eso sale mi espada de la vaina
contra todo mortal, de sur a norte.
10Y sabrá todo mortal que yo, el Señor,
desenvainé mi espada: no volverá a la vaina.
11Y tú, hijo de Adán, gime doblando la cintura,
gime amargamente a la vista de ellos.
12Y cuando te pregunten por qué gimes,
responderás: Porque al llegar una noticia
todos los corazones desmayarán
y desfallecerán todos los brazos,
todos los espíritus vacilarán
y flaquearán todas las rodillas.
Mira que llega, que sucede
-oráculo del Señor-.

Canto a la espada (Is 27,1; Jr 50,35-38)

13Me dirigió la palabra el Señor:
14-Hijo de Adán, profetiza diciendo:
Esto dice el Señor:
¡Espada, espada afilada y además bruñida!
15Afilada para degollar, bruñida para fulgurar.
......................................................................*
16La llevaron a bruñir antes de empuñarla;
ya está afilada la espada, ya está bruñida,
para ponerla en manos del sicario.
17Grita y ulula, hijo de Adán,
porque la blanden contra mi pueblo,
contra todos los príncipes de Israel;
los han entregado a la espada,
junto con mi pueblo;
por tanto, golpéate el pecho.
...............................................................*
18-oráculo del Señor-.
19Y tú, hijo de Adán, profetiza y bate palmas:
que se duplique la espada, que se triplique,
la espada de los acribillados,
la espada grande que acribilla,
que los tiene acorralados.
20Para que el corazón tiemble
y haya muchos caídos,
contra todas sus puertas
enderezo la punta de la espada,
hermanada con el rayo,
desnuda para la matanza.
21Da estocadas a diestra y tajos a siniestra:
donde tu hoja sea requerida.
22También yo batiré palmas
y desfogaré mi rabia.
Yo, el Señor, he hablado.
23Me dirigió la palabra el Señor:
24-Y tú, hijo de Adán, traza dos rutas para la espada del rey de Babilonia; las dos arrancarán del mismo país. 25Pon una señal en el arranque de cada ruta para la espada: "A Rabat de los amonitas; a Judá, que tiene en Jerusalén su plaza fuerte". 26Ha hecho alto el rey de Babilonia en la bifurcación de la calzada, donde se dividen las dos rutas, para consultar su vaticinio: baraja las flechas, pregunta a los ídolos, inspecciona el hígado. 27Ya tiene en su mano derecha el vaticinio: ¡A Jerusalén! ¡A prorrumpir en alaridos y lanzar gritos de algazara, a emplazar arietes contra las puertas, a hacer un terraplén y construir torres de asalto!
28Les pareció falso el vaticinio, porque les habían jurado vasallaje; pero él los acusará y los arrestará. 29Por tanto, así dice el Señor:
Porque os denuncian vuestra culpa
y se descubren vuestros delitos;
porque quedan patentes vuestros pecados
y todos vuestros crímenes;
porque estáis procesados,
os arrestarán por la fuerza.
30Y tú, malhechor infame, príncipe de Israel,
cuyo día ha llegado, la hora del castigo final;
31esto dice el Señor:
¡Fuera el turbante, quítate la corona!
Esto ya no es esto:
lo alto es bajo, lo bajo es alto;
32caos, caos, todo lo convierto en caos.
Pero esto no sucederá hasta que llegue
el que ha de ejecutar la sentencia
que yo le he encargado.
33Y tú, hijo de Adán, profetiza:
Esto dice el Señor contra los amonitas
y contra sus sarcasmos.
¡Espada, espada desenvainada para la matanza,
bruñida para fulgurar!
34De ti en visiones falsas, vaticinan patrañas.
¡Que te apliquen al cuello
de los malhechores infames,
cuyo día ha llegado,
la hora del castigo final!
35¡Vuelve a la vaina!
En el mismo lugar donde fuiste forjada,
en tu país natal, te juzgaré;
36derramaré mi furor sobre ti,
atizaré contra ti el fuego de mi furia
y te entregaré
en poder de hombre bárbaros,
artesanos del exterminio.
37Serás pasto del fuego,
tu sangre caerá en tu propia tierra.
Jamás serás nombrada,
porque yo, el Señor, he hablado.

Explicación.

21,1-37 Con piezas diversas y emparentadas, el compilador o autor final ha compuesto una unidad bien tratada. Comienza el fuego devorador (2-5); que da paso a la espada (6-12); canto a la espada (13-22); es la espada del rey de Babilonia (23-29); llega el final (29-33); la espada vuelve a la vaina (33-35); y concluye el fuego que comenzó (36-37).

El texto combina secciones retóricas de interpelación con efusiones líricas. Aunque gran parte se pronuncia como anuncio y como mandato del Señor, es posible y fácil imaginar su ejecución, de suerte que la pieza adquiere valor dramático. Se exalta la figura de la espada: asoma, cobra corporeidad, casi vida, torna a la mano de un hombre y perece.

21,2-3 Es como si Ezequiel se hubiera trasladado a un lugar septentrional desde donde mira y profetiza hacia el sur. Según Jeremías, Babilonia es el enemigo del norte, que invadirá el país por el norte: Jr 1,14; 3,18; 4,6; 6,1 etc. Correlativamente, Judá es territorio meridional; si bien los tres sinónimos no bastan para la identificación o la dejan abierta. La guerra se presenta en la imagen de un incendio en un bosque (Is 9,17; 10,17-19): prende en los árboles secos y se propaga a los verdes. También el bosque ardiendo es imagen abierta. Es un espectáculo impresionante, que quiere ser revelador: el fuego procede del Señor.

21,5 El profeta se queja por el descrédito de su predicación profética: véase 33,31-33.

21,7 El segundo oráculo, introducido como respuesta del Señor, ofrece la identificación: el templo, la capital, el territorio.

21,8 Como "verdes y secos", también "inocentes y culpables" es expresión polar. Este oráculo se pronuncia antes de la catástrofe, el cap. 18 después; por eso no se contradicen. La guerra es despiadada, y el conquistador no anda con distinciones al matar: para él toda la población es culpable. Con todo, y a pesar de las fórmulas de totalidad, sabemos por Jr 39 que muchos salvaron la vida.

21,9-10 La espada se hace sujeto de la oración: se está saliendo de la vaina y de la mano.

21,11-12 Los gestos de dolor del profeta funcionan como acción simbólica que prefigura lo que se avecina. En vez de comunicar la "noticia", el profeta entretiene a los oyentes con un poema representado.

21,13-22 Algunos asignan a este canto función mágica, y no es improbable que un canto mágico antiguo lo haya inspirado. Otros lo consideran texto de una danza guerrera, como la del salmo 149. De hecho, el poema incluye indicaciones para la ejecución, aunque sin identificar a quienes intervienen. Está claro el protagonismo de la espada personificada o animada.

A título de hipótesis, se podría ensayar la siguiente ejecución. Aparece la espada, recibida por un saludo o estribillo coral (14-15); estrofa descriptiva mientras la espada es entregada al solista sicario (16); palmas y gritos del profeta (19); respuesta del solista (20); nueva invitación del profeta o del coro (21); final del solista, que representa al Señor (22). Dos versos hebreos, 15b y 18a son irrecuperables. Otros detalles son muy dudosos: o porque el lenguaje es arcaico o dialectal, o porque aluden a pasos de la ejecución que desconocemos. El factor sonoro parece importante.

21,14 Compárese con Dt 32,41; Is 27,1; 34.

21,15 * Ininteligible.

21,17 La referencia a los "príncipes" como hecho sucedido puede ser indicio de adición a la luz de los sucesos. *Ininteligible.

21,22 Véase Lam 2,15.

21,23-27 El sicario que blandía la espada tiene nombre. Con gran concentración, sin distinguir mandato y ejecución, el profeta sorprende al rey de Babilonia con la espada empuñada, en el momento decisivo: ¿hacía dónde tirará? El oráculo corresponde al tiempo de la rebelión de Sedecías.

21,25 Por una vez, el reino de Amón se ha aliado con su vecino, Judá, para sacudir el yugo babilonio.

21,26 Consultar el oráculo era parte de la estrategia antigua. La hepatoscopia era una técnica muy desarrollada en Babilonia.

21,27 Los infinitivos (o gerundios) suenan como voces de mando urgentes: la palabra se está convirtiendo en acción montando el asedio de la capital.

21,28 Los vecinos de Jerusalén no creen en el vaticinio, y el profeta insiste mostrando al rey de Babilonia como fiscal que acusa y alguacil que arresta.

21,30-31a El malhechor es Sedecías, destronado.

21,31b-32a Confusión de normas y valores (cfr. Is 5,20), como si el hombre perdiera la capacidad de orientarse verticalmente.

21,32b Esta frase en prosa, glosa posterior, divide a los intérpretes. EL autor hebreo recoge una lectura tardía de Gn 49,10, que se aplicaba a David y a su dinastía, y la retuerce aplicándosela al rey de Babilonia. Es el extremo de la desgracia; tierra, templo y dinastía han concluido.

Otras traducciones del discutido verso: "Eso ya no será cuando llegue aquél a quien compete el juicio y a quien se lo entrego". "Lo convierto en ruina como no ha habido otra, hasta que llegue el soberano legítimo. A él le entregaré todo". Esta segunda lectura es mesiánica.

21,33 Ejecutada la sentencia contra Jerusalén, la espada se dirige contra los amonitas. Este oráculo supone que ya se ha consumado la catástrofe. El autor opera con elementos originales de Ezquiel, la espada y el fuego.

21,34 Este verso es muy difícil, sólo permite conjeturas. Propongo una: los amonitas se hacen ilusiones con vaticinios engañosos acerca de la espada (Babilonia); pero la orden es tajante y se va a cumplir la ejecución.

21,35-36 Terminada la segunda parte, la ejecución de Amón, la espada (Babilonia) ha de volver a la vaina para reposar. Después a ella le llegará la hora del juicio, la condena y la ejecución por el fuego.

21,37 A sangre y fuego, como en Is 9,4. El capítulo termina con dos breves oráculos contra naciones paganas, germen de esperanza para los judíos.

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