viernes, 1 de enero de 2016

EZEQUIEL. CAPÍTULO 4.

Acciones simbólicas

41Y tú, hijo de Adán, agarra un adobe, póntelo delante y graba en él una ciudad, 2ponle cerco, construye torres de asalto contra ella, y haz un terraplén contra ella; pon tropas contra ella y emplaza arietes a su alrededor.
3Y tú agarra una sartén de hierro y ponla como valladar de hierro entre ti y la ciudad; dirige contra ella tu rostro; quedará sitiada y le apretarás el cerco. Es una señal para la casa de Israel.
4Y tú, acuéstate del lado izquierdo, y te echaré encima la culpa de la casa de Israel. Los días que estés así acostado cargarás con su culpa. 5Yo te señalo en días los años de su culpa (trescientos noventa días) para que cargues con la culpa de la casa de Israel.
6Cumplidos éstos, te acostarás del lado derecho y cargarás con la culpa de la casa de Judá cuarenta días: un día por cada año te señalo.
7Dirigirás el rostro y el brazo desnudo hacia el cerco de Jerusalén y profetizarás contra ella.
8Mira, te amarro con sogas, y no podrás cambiar de lado hasta que cumplas los días de tu apretura.
9Y tú, recoge trigo y cebada, alubias y lentejas, mijo y escanda: échalo todo en una vasija y con ello hazte de comer. (Eso comerás trescientos noventa días, todos los días que estés echado de lado).
10Comerás tasado tu alimento: una ración diaria de ocho onzas; a una hora fija la comerás.
11Beberás el agua medida: la secta parte de una cantarilla, a una hora fija la beberás.
12Comerás una hogaza de cebada, que cocerás delante de ellos sobre excremento humano.
13Y dijo el Señor:
-Los israelitas comerán un pan impuro en las naciones por donde los disperse.
14Yo repliqué:
-¡Ay Señór! Mira que yo nunca me he contaminado; desde muchacho nunca he comido carne de animal muerto o despedazado por una fiera; nunca ha entrado en mi boca carne de desecho.
15Me respondió:
-Está bien, te concedo que prepares tu pan no sobre excremento humano, sino sobre boñigas.
16Y añadió:
-Hijo de Adán, cortaré el sustento
del pan en Jerusalén:
comerán el pan tasado y con susto,
beberán el agua medida y con miedo,
para que, al faltarles el pan y el agua,
17se consuman por su culpa,
y todo el mundo se horrorice.

Explicación.

4-5 Suelen llamar acciones simbólicas a un tipo de oráculos proféticos en los que la palabra es sustituida por una pantomima que prefigura los sucesos; 4,3 lo llama señal o signo. Puede consistir en pura pantomima significativa, pueden ser retazos de la vida del profeta; les suele acompañar una palabra que los explica anunciando el futuro. No son acciones mágicas ni sacramentales ni ritos jurídicos. Puede verse 1 Re 11,29-39; 2 Re 13,14-19; Os 1 y 3; Is 8,1-4; 20; Jr 13,1-11; 16,1-9; 19,1s.10s; 27,1-3.12; 32; 43,8-13; 51,59-64.

Lo extraño de algunas acciones puede servir para reclamar la atención, para subrayar el carácter alegórico del gesto, para sugerir lo extraño de la acción divina. Ezequiel impone su estilo personal también a estas acciones: prefiere la alegoría intelectual y minuciosa al símbolo imaginativo y sugerente, sus pantomimas suelen ser más pormenorizadas.

Estos dos capítulos recogen tres acciones que se refieren al asedio de Jerusalén y a la dispersión.

4,1-3 En Babilonia se empleaban los adobes para escribir y dibujar. Al principio el público no debe saber de qué ciudad se trata; hasta pueden imaginarse que es Babel. El adobe queda en el centro, y en torno a él monta el profeta una imagen de asedio, según las reglas de la poliorcética. Ezequiel rehúsa todo auxilio guareciéndose tras una sartén de hierro. Debemos imaginarnos la ejecución ante un público entretenido e intrigado: ¿de qué ciudad se trata?

4,4-6 La segunda acción distingue los dos reinos: la Casa de Israel y la Casa de Judá. El profeta participará en el sufrimiento de sus paisanos y podrá simbolizarlo; al mismo tiempo muestra que no es definitivo, sino limitado. La correspondencia diás-años la conocemos por Nm 14: cuarenta es número redondo de una generación; el otro número quizá se deba a adición o manipulación. El pueblo no ha sido condenado a muerte ni a destierro perpetuo.

4,7-8 Parecen adición. El primero sería buena introducción para 5,5, como gesto que acompaña a un oráculo solemne. El segundo insiste en el tema de la inmovilidad.

4,9-15 Consecuencia del asedio serán el hambre y la sed, el racionamiento riguroso de víveres, el reunir con trabajo restos heterogéneos de comida sin distinguir la calidad. Se añade un particular doloroso, repugnante para la sensibilidad sacerdotal de Ezequiel. El asedio anula violentamente esta separación de lo sacro y lo profano que ordena la vida humana; arroja al pueblo al caos indiferenciado de lo profano. Lo que suceda en el asedio será comienzo de la situación del destierro (v.13). El uso de excrementos secos para hacer fuego no era raro entre nómadas y gente pobre. Véase la legislación de Ex 22,30; Lv 19,7; Dt 23,13-15. También la protesta de Pedro: Hch 10,9-16.

4,16-17 Pueden proceder de 12,19 donde encajan mejor.

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